En Granada se da una gran diferenciación entre la alfarería tradicional para el uso, que se sigue trabajando en diversas localidades de todo el mapa provincial, y las distintas modalidades de la cerámica que hoy se elaboran en la capital siguiendo las
tradiciones heredadas del reino Nazarí. La alfarería popular mantiene unos modelos y unos sistemas de fabricación muy tradicionales, destinándose hoy su producción más a unos fines decorativos que a su originaria función de alfarería para el uso.
Los modelos producidos son diversos, como las necesidades que satisfacían en el trabajo y en el hogar. En algunos casos las piezas alcanzaron una alta representatividad, como los candiles y anafres de Alhama, los botijos de gallo de Almuñécar, las
orzas de Huéscar, los botijos, o \"pipos\", de Guadix, las botijas de Loja, los cántaros de Motril, las \"tostaeras\" de Órgiva, las zambombas de Monachil o las queseras de Ugíjar.
No obstante su tradicionalidad y valor decorativo, o de uso, muchas de estas piezas van dejando de fabricarse, bien por la adaptación del producto a nuevas demandas sociales, bien por la menor dedicación de algunos alfareros a su oficio por falta de
rentabilidad necesaria.
A menudo, los obradores de alfarería no han incorporado maquinaria, manteniendo aún las balsas para el colado del barro, los tornos de pie y los hornos de leña. Algunos remontan su construcción al siglo pasado cuando menos, como son los talleres de
Francisco Fuentes en Motril, de Rafael Orellana en Órgiva, de Miguel García en Ugíjar o de Antonio Ortiz en Guadix, lugar este donde los tornos presentan la particularidad de estar empotrados en el suelo. Una relevancia especial en la alfarería andaluza y
española tienen los obradores de Guadix donde los alfareros Miguel Cabrerizo y Antonio Ortiz elaboran la llamada \"jarra accitana\", filigrana en barro llena de detalles ornamentales en el barroquismo de su composición. Esta jarra accitana tenía
el valor simbólico de ser el regalo de la novia, donde los invitados a la boda depositaban cantidades monetarias.
La alfarería de Antonio Ortiz es un auténtico testimonio vivo en Guadix de los procedimientos tradicionales. Instalada por sus abuelos, y con obra todavía hoy de cántaros, pipos, jarras de vino, queseras, botijas y orzas para embutidos, además de la
señalada jarra \"accitana\", consta de una primera balsa para el batido de la arcilla. Arcilla que extrae dos veces al año, de un barrero subterráneo próximo a Guadix. En una segunda balsa se asienta y orea la arcilla, para proceder a su secado
en la denominada \"placeta\", para luego almacenarse en el \"terrar\". Ya después se procede a la elaboración de las formas en los tornos enclavados en el suelo ya referidos, siendo la última fase la cocción en un horno vertical que
cuenta con una sección de ladrillos que separan la leña de las piezas a hornear.